martes, 20 de marzo de 2012

CURSO DE CONCILIACION EXTRAJUDICIAL 2012

CURSO DE CONCILIACIÓN EXTRAJUDICIAL 2012
 SOLO SÁBADOS


LO INVITAMOS A INSCRIBIRSE A NUESTRO CURSO DE CONCILIACION EXTRAJUDICIAL, QUE SE DICTARÁ SOLAMENTE LOS DIAS SÁBADOS (EN EL HORARIO DE MAÑANA Y TARDE), DURANTE DOS MESES Y MEDIO (INCLUYENDO LA TEORIA COMO LA PARTE PRACTICA DEL CURSO). 
SE INICIA EL 24 DE MARZO.
LAS CLASES SERÁN EN NUESTRO AUDITORIO SITO EN: JIRON NATALIO SANCHEZ 220, OFICINA 907, JESUS MARIA (ALTURA ENTRE LAS CUADRAS 5 Y 6 DE LA AVENIDA ARENALES).

CONTAMOS CON CATEDRÁTICOS DE PRIMER NIVEL, DOCENTES DE PRESTIGIOSAS UNIVERSIDADES.
Con amplias instalaciones e Internet inalámbrico
LOS ESPERAMOS. MAYORES  INFORMES EN 3320847-998012046-RPM *020207- RPC 943559289 

jueves, 8 de marzo de 2012

TE CELEBRO MUJER


TE CELEBRO MUJER
Celebro por quien cultivó con sus manos y sus pasos su ansiada libertad; que se enfrentó a los monstruos que la razón, la historia y la estulticia humana engendró para mancillar su cuerpo e impugnar su alma; que se atrevió a sustituir los mitos mezquinos de poder y ambición por ideales de igualdad, dignidad y perdón; que predicó en el silencio de las cocinas o debajo de los lavaderos la más auténtica religión: mezcla de solidaridad, amor y tolerancia; que fue un refugio constante al fracaso para quienes inundaron el mundo de guerras y un hito de decencia en ciudades convertidas en ghettos; que hizo de su cárcel un templo, de su esclavitud un ministerio; que evitó confesar sus penas para escuchar a diario las nuestras; que aceptó a su verdugo con la coraza inexpugnable de su afecto; que nunca, en su sabia vida, fue perfecta pero trató a los demás como si lo fueran; que instaló estrellas en los cuartos de sus hijos; que hizo compadecer a dios y lo obligó a testificar su callado y rutinario sacrificio; que cambio el paraíso por su derecho a vivir, morir y engendrar; que lloró por los ausentes pero nunca por su dolor o exilio; que hizo de su cabello largo una metafísica para los vientos, y de su sexo un verso, un altar mayor.
Celebro por quien ha sostenido todas nuestras debilidades, y se ha convertido en la reserva espiritual de nuestro tiempo. Celebro por quien nos enseñó hablar a pesar de que luego la revocamos con insultos y prolongados silencios. Celebro a quien le dio un rostro a la belleza y un nombre confiable a nuestros más caros anhelos.
Te celebro mujer,  y vénganos tu reino.

Carlos Castillo Rafael

miércoles, 29 de febrero de 2012

CURSO DE CONCILIACION EXTRAJUDICIAL 2012

CURSO DE CONCILIACION EXTRAJUDICIAL 2012

LOS INVITAMOS A INSCRIBIRSE A NUESTRO CURSO DE CONCILIACION EXTRAJUDICIAL, QUE SE DICTARÁ SOLAMENTE LOS DIAS SÁBADOS (EN EL HORARIO DE MAÑANA Y TARDE), DURANTE DOS MESES Y MEDIO (INCLUYENDO LA TEORIA COMO LA PARTE PRACTICA DEL CURSO). SE INICIA EL 17 DE MARZO.
LAS CLASES SERÁN EN NUESTRO AUDITORIO SITO EN: JIRON NATALIO SANCHEZ 220, OFICINA 907, JESUS MARIA (ALTURA ENTRE LAS CUADRAS 5 Y 6 DE LA AVENIDA ARENALES).
SE LES ENTREGARA MANUAL DETALLADO DEL CURSO, LEGISLACION, PROGRAMA ACADEMICO, RESOLUCION QUE AUTORIZA EL DICTADO DEL CURSO.

MAYOR INFORMES AL: 3320847-998012046
LOS ESPERAMOS.

domingo, 12 de febrero de 2012

DONACIÓN DE ÓRGANOS: LA OTRA INMORTALIDAD

DONACIÓN DE ÓRGANOS: LA OTRA INMORTALIDAD

CARLOS CASTILLO RAFAEL


Desde antaño se confía en tres formas indirectas de satisfacer el deseo de inmortalidad: procrear un hijo, plantar un árbol o escribir un libro. Creo que el avance científico y  una moral solvente se han conjugado para implementar otra manera de burlar la secuela de la muerte. Oportunidad conquistada en los instantes del desenlace final, con el acto sensato y generoso de la donación de órganos.

Imagínese tal sobrevivencia. Una suerte  de trasmigración de lo mejor de uno a través de los órganos vitales que conservarán la vida de otra persona quien, tal vez, en el futuro, ceda la posta a un tercero con la misma tarea dadora de vida. Una solidaridad inacabable, urdida con el postrero acto, por la que muchos seres humanos perduran en el cuerpo del último beneficiario de la donación y transplante de órganos.

Riñones, pulmones, corneas, páncreas, hígado, corazón y tejidos, serían los últimos reductos del alma afanada en doblegar a la muerte con dignidad.

Un accidente vehicular puede ser la diferencia entre una vida prometedora  y una muerte cerebral irreversible. Cuando un paciente así subsiste, con latidos cardiacos y respiración artificial por medio de medicamentos y aparatos mecánicos, la esperanza de vida, que en él muere, renace en otros siete enfermos terminales, (considerando la eventual donación de un corazón, dos pulmones, un hígado, dos riñones y un páncreas). Además de mejorarse la calidad de vida de varios que necesitan  córneas o huesos.

El constante apremio de donantes, siempre en aumento, apenas deja como saldo un exiguo porcentaje de beneficiarios. Excepcionalmente, algún niño, por ejemplo, recibe  de sus padres, hermanos o familiares cercanos, aquel riñón que lo salvará de una insuficiencia renal crónica o de cualquier otra enfermedad terminal del riñón. Los otros cientos, que pueblan la lista de espera nacional, nunca serán trasplantados por la alarmante falta de donantes de órganos. La pregunta es simple: ¿No hay donantes a causa de un egoísmo desmesurado o por una absoluta desinformación acerca del tema?

Si cualquiera puede ser víctima de una enfermedad grave, potencialmente curable con un trasplante, ¿Por qué la indiferencia ante el llamado sensato de la donación de órganos? Viéndolo así hasta una persona extremadamente individualista tendría una buena razón para defender esta cruzada. Lo haría pensado en él o en los suyos, eventuales pacientes de deabetes, de alguna enfermedad congenita del corazón, o con una fibrosis quística o enfisema pulmonar, por mencionar algunos de los casos que pueden rehabilitarse con un trasplante oportuno.

Me inclino a pensar que el bajísimo nivel de donación de órganos en nuestro país se debe, antes que nada, a una mezcla de ignorancia y factores culturales que la desalientan por completo. Hay una inexcusable falta de información del público en general e, incluso, del mismo gremio médico, acerca de cómo hacer efectiva la donación o cuál es el proceso de donación y transplante ha seguir no sólo por el propio donante sino también por sus familiares que, en muchos casos, son tenaces opositores de esta solidaridad vital.

No basta con que en vida el donador de órganos se inscriba en organizaciones altruistas, o tramita tarjetas o certificados de donadores. La familia del donador debe respetar y alentar su decisión de donar sus órganos cuando ya no le sirvan. Para ello hay que desestructurar una causa más profunda y perniciosa, determinadas creencias en el imaginario de la gente, difícil de desarraigar, como es el el dogma de la resurrección de los cuerpos, el  fetichismo del cuerpo extinto (qué otra cosa representan los cementerios), la onerosa conservación del cuerpo cadavérico (aguardando el avance científico o una cura futura), la indiferencia a la vida y un culto asolapado a la muerte, etc.

Mientras sucumbamos a la tentación de una vana inmortalidad, auspiciada por fútiles creencias, aquella otra honrosa inmortalidad, pervivir en el cuerpo de otros, lo que involucra solidaridad, reflexión y renuncia, se nos escapará de entre las manos.

Por mi parte, declaro, con modestia pero con serena convicción, que el último abrazo de la muerte, no le arrebatará la posibilidad de vida a todo aquel que pueda servirle alguna parte de mi finita condición, pues, autorizo y dono mis órganos y todo lo que la ciencia médica pueda usar en pro de otros. Quizás así mi alma descanse en paz. Tal vez, al final de esa manera encuentre una mínima redención.  

martes, 24 de enero de 2012

LA ESPIRITUALIDAD EN CRISIS

TÍTULO  : LA ESPIRITUALIDAD EN CRISIS

AUTOR  :  CARLOS CASTILLO RAFAEL


   ¿ Qué ha conducido a una desvalorización de los valores morales?  La vida buena ha dejado de ser buena en sentido moral. Es buena desde el punto de vista del provecho económico, del bienestar o de la realización personal, etc., es decir, desde cualquier perspectiva menos el de la ética. En sus aspectos fundamentales nos hemos desengañado del éxito del modo de vida perseguido con fines morales. Con las anteojeras que la sociedad moderna  nos provee, con su incesante martilleo de la eficiencia y la excelencia, del marketing y la publicidad, nos ha parecido ingenuo emplear una medida ética del valor para medir el sentido y las prioridades de la vida.

   Ante preguntas de qué queremos para nosotros o qué papel nos toca cumplir en la sociedad nos basta, para no encogernos de hombros, seguir la corriente de opinión actual. No hay interés de saber si nuestras acciones se remiten a una determinado valor que las inspira. El nuevo valor que trae la moda contemporánea  es reconocido por todos aún cuando la mayoría desconozca cuáles son las cláusulas de esa filiación. Es un valor que difícilmente es compatible con algún otro que no sea de su misma naturaleza.  Por ejemplo, no es posible ser un competidor en el mercado y ofrecer al prójimo la otra mejilla. Y es que en este como en muchos casos las expectativas de los individuos se reducen a las expectativas del mercado. Convirtiéndose paulatinamente la valoración ética en un mero análisis de costo-beneficio.

   Esta reducción de las prioridades de la vida nos plantea un re-examen de las verdaderas fuentes de satisfacción o bienestar que esperamos de la vida buena. Cuando caemos bajo la seducción del éxito individual o personal el sentido de nosotros mismos, que habíamos descubierto siguiendo pautas morales, varía. Cambia no sólo las expectativas cifradas en la propia vida, además, se modifica la forma de entender el bien. Es realmente difícil ir contra corriente, ver más allá del éxito y acceder a un sentido más amplio de lo que es bueno y deseable en la vida.
   Ahora elegimos los valores morales o sus contenidos, en vez de que ellos nos sirvan de pauta para elegir, como sucedía en las sociedades tradicionales o pre-modernas. Pero incluso esta elección de los valores no es del todo gratuita. Es la consecuencia de las preferencias del sentido común inmerso en una cultura. Al seguir gustosos el modo de vida moderno también se están poniendo en juego valores y prioridades que nos llevan a dar ese paso. El problema es que casi nunca reconocemos ese horizonte mayor de propósitos o creencias que se hallan a la base de nuestras decisiones. Todo lo contrario. Tratamos de darle la espalda, oponiendo nuestra exigencia a ser libres de todo. Incluso, de una identidad moral que la comunidad  ya ha puesto en nosotros.

   La libertad se convierte en el valor indispensable para que cualquiera viva según su escala de valores, poniendo entre paréntesis el legado de la tradición y evitando pronunciarse o emitir un juicio de valor sobre las distintas formas de entender la vida buena. Sin embargo, sucede que, a veces, uno no es  quien elige  sino, por nuestro intermedio, lo hace el sistema o el orden establecido, depositaria de la cultura del consumo o de los medios de comunicación de masas. El mayor problema, entonces,  no es  sólo defender la tradición o la identidad moral de la comunidad, sino, también,  la aparente imposibilidad de cuestionar formas de vida que legitiman lo que llamaría la perdida  de espiritualidad.

   No hay una pérdida de escala valores, más bien ella ha aumentado dando cabida a cualquier valoración, incluso,  las más banales. Se valora la apariencia física, el status profesional, o la solvencia económica. Relegando la inteligencia o la preocupación por los problemas sociales. Carece de una estrategia de publicidad el interés por la vida pública. No hay marketing que promocione  la práctica de las virtudes sociales. Y lo peor de todo, no hay  nada que obligue a prestarles atención.  El hombre quiere ser más individuo y menos parte de los problemas de los otros o de su comunidad. Se satisface respirando el aire de su entorno privado y clausurando las puertas donde los demás miembros de la sociedad aguardan ser reconocidos. Paulatinamente ha ido desapareciendo el compromiso de reflexionar sobre el valor que tiene una escala de valores respecto a otras, pues la prédica oficial es que todas ellas valen lo mismo, o sea, casi nada.

   La aparente imposibilidad de disentir con la escala de valores de la vida  moderna se explica porque ella no es única, son muchas. Tantas que de una u otra  manera  nuestras prácticas o convicciones morales son deudoras de todas ellas. Hemos superado el malestar que suponía la lealtad a una versión de la ética siendo leales con el principio de no comprometernos seriamente con ninguna. Asimismo, hemos hecho de esta confusión de horizontes morales  una justificación para ser neutrales con todas ellas en  el ámbito público. Mientras que en nuestro mundo privado nos valemos de todos a nuestro gusto. En vez de esta “tibia” práctica moral que nos compromete a nada o a muy poco hay que vincular nuestros valores con un sentido de la vida más pleno. Hay que contextualizar al individuo en el seno de la comunidad. Exigirle se pronuncie porqué sigue los valores de la comunidad o porqué usa a la comunidad para ir en pos de sus propias preferencias.

   ¿En nombre de qué exigir todo esto, se nos preguntará?.  El primer síntoma de la crisis de la espiritualidad es la creencia de que no es posible argumentar en defensa de una escala de valores determinados sin incurrir en vicios de argumentación.  Pero ese es más un perjuicio moral que una deducción teórica. Otra es la pregunta a responder ¿De qué pérdida de valores hablemos si es que no echamos de menos a unos reconocidos por todos nosotros aun cuando sólo sea vagamente, como la conciencia que juzga al interior de uno?. El caldo de cultivo de la pérdida de valores es la neutralidad aparente ante el conflicto de distintas versiones sobre la vida buena. La aceptación de la pluralidad y la diferencia  de tradiciones éticas no supone necesariamente su no cuestionamiento ni la falta de compromiso, que teme pecar de intolerante o relativa. Sobre esta relatividad debemos pensar. Ante esta tibieza debemos arremeter.